DESCUBRE LEYENDAS

Legendario Literario Hispánico del siglo XIX

Proyecto I+D Ministerio de Economía y Competitividad FFI 2013-43241R

Publicación

Crónica general de España, ó sea Historia ilustrada y descriptiva de sus provincias, sus poblaciones más importantes y posesiones de Ultramar. (Provincia de Burgos)    Ronchi, Vitturi, Grilo,  1865, p. 71.

Acontecimientos
Enfrentamiento del rey con sus nobles
Personajes
Enrique III y su corte
Enlaces
Las trovas de D. Enrique el Enfermo

García del Real, Luciano, “El gabán de don Enrique el Doliente”, en La noche toledana. Tradiciones y leyendas españolas, Barcelona, Luis Tasso,  1898, 241-249 --- Hartzenbusch, Juan Eugenio (1848), ed., “Don Enrique el enfermo”, en Romancero Pintoresco, Madrid, Imprenta de Alhambra y Compañía, 1848,  74 --- Martínez del Romero, Antonio, “Las trovas de D. Enrique el Enfermo”, El Reflejo,  1845, 23, tomo I, 8 de junio, pp. 177-181--- Muñoz Maldonado, José, “Cuadro de la Historia de España. La menor edad del rey don Enrique el Doliente”, El Mentor de la Infancia, 1843,  8, pp. 113-128  ----- “Estudios históricos. El gabán de don Enrique el Doliente. Novela histórica”, Museo de las Familias, tomo II, 25 de noviembre (262-273) y 25 diciembre (294-307). de 1844;  El gabán de don Enrique el Doliente, en La España caballeresca. Crónicas, cuentos y leyendas de la historia de España, Madrid, Mellado, 1845.

 

LOCALIZACIÓN

TOLEDO

Valoración Media: / 5

El gabán de D. Enrique

 

La tradición conserva una anécdota que pinta de muy diverso modo que la historia la inauguración del reinado de D. Enrique III, y da una idea muy triste del estado a que habían reducido, no solamente el reino sino al mismo monarca niño, la codicia y dilapidaciones de los diez gobernadores.

Píntase a este rey completamente abandonado de los grandes, saliendo a cazar codornices y empeñando su gabán para comprar un poco de carnero que añadir a lo que había cazado, único plato que podía servirse a su cena.

Entre tanto en la casa del arzobispo de Toledo se celebraba gran banquete, al que asistían el de Benavente, el de Trastamara, el de Medinaceli y otros de los gobernadores y grandes, recaudadores y dispensadores de las rentas reales.

D. Enrique, abandonando su frugal cena, cuéntase que presenció oculto este espectáculo, y que a otro día hizo que se difundiera por la corte la voz de que se hallaba muy enfermo y que quería otorgar testamento.

A este rumor acuden todos los grandes a palacio, en donde no se les permite penetrar con acompañamiento.

Reunidos todos en una vasta sala, se presenta el rey armado, con la espada desnuda, se sienta en su silla, y pregunta al arzobispo de Toledo cuántos reyes ha conocido en Castilla; pregunta que va corriendo por todos, y viendo que el que más ha conocido cinco, exclamó D. Enrique que, con tener solos quince años, él no ha conocido menos de veinte reyes, y que ya era tiempo que hubiese uno solo.

Entonces llama a los ministros de justicia y a los soldados que –71- tenía  ocultos y que se presentan a ejecutar sus órdenes.

Atónitos permanecían los grandes, hasta que el arzobispo de Toledo puesto de rodillas y llorando le pide perdón, imitando su ejemplo los demás. El rey, después que les hubo intimidado, les perdonó, pero no les devolvió su libertad hasta que le entregaron los castillos y fortalezas que custodiaban, y el alcance de las rentas reales que corrieran a su cargo. La historia no puede admitir esta anécdota, aunque tan bien feriada y tan exacta en muchos detalles.

 

FUENTE

Cayetano Rosell. Crónica general de España, ó sea Historia ilustrada y descriptiva de sus provincias, sus poblaciones más importantes y posesiones de Ultramar. (Provincia de Burgos)    Ronchi, Vitturi, Grilo,  1865 p. 71.