DESCUBRE LEYENDAS

Legendario Literario Hispánico del siglo XIX

Proyecto I+D Ministerio de Economía y Competitividad FFI 2013-43241R

Publicación

El Globo. Diario ilustrado, Madrid, 10/11/1877, nº 761, pág. 1

Acontecimientos
Celebración cristiana de las tropas cristianas aliadas por la toma de Madrid y resistencia posterior
Personajes
Alfonso VI de Castilla, Sancho de Aragón, Cid Campeador
Enlaces
Catedral de la Almudena

de Mena, José María, ed. Leyendas y misterios de Madrid. Plaza & Janés Editores, 1989.

LOCALIZACIÓN

MADRID CATEDRAL DE LA ALMUDENA

Valoración Media: / 5

El Muro de la Almudena
 
 
Madrid, por tradición de sus mayores,
Busca su imagen con devota pena
Donde los africanos vencedores
Tenían de su trigo la Almudena,
El muro produciendo varias flores
Por los resquicios de la tierra amena,
Con letras de colores parecía
Que les mostraba el nombre de María.
LOPE DE VEGA
 
        En aquellos felicísimos tiempos en que la fe constituía la sola y única sabiduría; en que se ignoraba que la perdida gota de agua es necesaria para completar la armonía universal; en que no se podía creer que el grano de arena es un elemento imprescindible para el eterno equilibrio; en aquellos bienaventurados tiempos en que la química era un sueño, la ciencia médica un empirismo, la física arte de brujería, las matemáticas patrimonio de charlatanes, la poesía entretenimiento de vagos, la pintura esencialmente religiosa, la música un delirio y la filosofía un crimen; allá, por los años de 1083 y el día 10 de noviembre (si no mienten las crónicas), se advertía inusitado movimiento y grande alegría en la villa de Madrid, residencia del monarca conquistador D. Alfonso VI de Castilla.
        Vistosísimos grupos de animadas gentes engalanadas en son de fiesta ocupaban los alrededores de la muralla donde asienta sobre sólidas bases el cubo (1) de la Almudena; el día anterior había aparecido de un modo extraño, rasgándose el granítico muro, la imagen de la Virgen de la Almudena que, según la tradición, cuidadosamente conservada por los madrileños, había permanecido oculta durante el dilatado espacio de trescientos sesenta y nueve años, siendo de notar que las velas de cera que alumbraban la imagen no se habían consumido ni una sola línea. No es mi intención discutir sobre tan extraño suceso sino únicamente narrar lo que refieren las crónicas de aquel tiempo, para dar a conocer a mis lectores el origen de la fiesta que anualmente se celebra en conmemoración de la Patrona de Madrid.
        Para solemnizar tan fausto (2) suceso, dirigióse al muro procesionalmente cuanto de más notable había en la corte del rey conquistador; los más esforzados guerreros que, en unión del valeroso monarca, habían rescatado nuestra villa del poder de los moros, llevaban hachas encendidas, abriendo la marcha y tremolando (3) un blanco estandarte con cruz roja el vencedor de siete reyes moros, el terror de la falange agarena (4), Cid Rodrigo de Vivar; acompañabanle los reyes D. Alfonso VI de Castilla y Don Sancho de Aragón y Navarra, los infantes D. Fernando y D. Martín, y multitud de ricos-hombres (5) señores feudales, poderosos caudillos, ricas-hembras (6), mesnaderos (7), plebeyos, pajes, pecheros (8), guardia de convertidos, almogávares (9), honderos, tiradores, nobles castellanos y ceñudos aragoneses, todos guardando religiosa compostura, todos impresionados por la solemnidad del acto.
        Espléndida fue la fiesta; los ardientes rayos de un sol primaveral irradiaban doblemente la alegría de aquel pueblo lleno de religioso respeto; los nobles lucían sus bruñidas (10) armaduras, llenos de fiero orgullo, mirando con desdén desde su altura aquella reunión de obedientes vasallos; los pajes, cubiertos de oro y plumas, llevando del diestro los caballos encubertados como para entrar en batalla; las ricas hembras, vestidas de costosísimos brocados (11), iban descalzas, en cumplimiento de votos y promesas; los almogávares, con sus bronceadas piernas desnudas ceñidas por fuertes correas de piel de toro; los honderos con sus hondas de cuero curtido cruzadas sobre el pecho; los barones y condes ostentando sus coronas sobre su férreo casco, y toda esta brillante comitiva escoltada por las bien disciplinadas y fuertes mesnadas que con su heroico valor e incontrastable brío vengaron a sus hermanos los cristianos que fueron vencidos tres siglos antes por el valeroso Muza.
        Llegados todos al pie del cubo, empezóse la ceremonia religiosa; ya el sacerdote eleva por los aires la Hostia consagrada; el pueblo, lleno de religioso entusiasmo, se postra humildemente ante la Virgen, hiende los aires el ronco son de las trompas guerreras, inclínanse las armas, abátense las frentes, Cid Rodrigo clava el blanco estandarte en el fortísimo muro, todos los corazones palpitan a impulso del entusiasmo religioso y elévase a los cielos como un coro inmenso de amor, como un voto de gracias lanzado por aquella multitud llena de fe, semejante a una ola hirviente que fuese a estrellarse a los pies del trono del Señor.
        La sierra vecina, coronada de villanos y villanas, vestidos con abigarrados colores, ofrece un golpe de vista sorprendente; la selva que se extiende sobre el Campo del Moro parece un campo de flores animadas y bulliciosas, tanta es la multitud que la invade; el Manzanares sirve de tranquilo espejo de millares de fisonomías, animadas por el entusiasmo; cada colina sirve de asiento a una familia, cada árbol es nido movible para los alegres niños; el pueblo está contento y olvida por un instante la fiera servidumbre que pesa sobre él, tal vez cree que la Virgen, apiadada de su yugo, hará más blandas las cadenas sobre que gime.
        Durante nueve días consecutivos tuvieron lugar en la villa sorprendentes fiestas para solemnizar tan grato suceso; hubo zambras, jaleos, toros, cañas, torneos, juegos de sortija, danzas árabes, simulacros guerreros y todo lo que contribuía en aquel tiempo a dar placer a los señores y olvido a los vasallos; la imagen en cuestión fue transportada a la iglesia inmediata de Santa María, que había servido de mezquita árabe durante la dominación sarracena, y sobre ser la más antigua que conserva la villa, fue nombrada Patrona de Madrid: diósela culto y fue siempre la favorita del pueblo y sus monarcas, que acudían a ella en todas sus tribulaciones.
        También refiere la tradición otro hecho portentoso del cubo de la Almudena: el rey don Alfonso VIII fue vencido en la batalla de Alarcos por Aben-Jucef Miramamolín; quiso este apoderarse de la villa, pero en vano; los sitiados sufrían con heroico valor los rigores del hambre, acudiendo sin cejar al muro; faltaba el trigo, cuando unos niños jugando hicieron un agujero en uno de sus pilares, el cual se convirtió en caudalosa fuente de trigo; con el que, no tan solamente se remediaron los sitiados, sino que arrojaron a los sitiadores grandes puñados del precioso alimento; visto lo cual por el general de las aguerridas taifas sitiadoras, le obligó a levantar el sitio, huyendo cobardemente ante la bizarría de los esforzados madrileños.
        La escultura es de enebro, tiene siete cuartas y media de alta y es de regular mérito artístico; su aspecto es majestuoso, su porte grave, el semblante prolongado, los ojos rasgados y los cabellos rubios; tiene en sus brazos un niño desnudo, en actitud de lanzarse de los brazos de su madre. Muchos y renombrados poetas han cantado sus alabanzas, entre ellos Lope de Vega, que compuso en honor suyo un Poema histórico. Los hijos de Madrid han sentido siempre particular inclinación a su Patrona, y anualmente en este día la rinden fervoroso culto.
        He aquí lo que la tradición conserva del muro de la Almudena, llamado así porque en él tenían los árabes su alfolí (12); he aquí la historia de este viejo torreón que domina la cuesta de la Vega, bellísimo mirador desde el que se descubren hermosos paisajes de verde alfombra, surcados por una cinta de plata que serpentea alegremente perdiéndose en el horizonte; faro que guía a los amantes que se arrullan en los inmediatos bosquecillos; piadoso recuerdo de nuestros mayores y página gloriosa de la historia de nuestra reconquista.
VICENTE DE LA CRUZ
 
 
 
(1) cubo: torreón adosado a la muralla, de sección circular
(2) fausto: fasto, feliz
(3) tremolando: haciendo ondear
(4) falange agarena: combatientes musulmanes
(5) ricos-hombres: miembros de la alta nobleza, ricos y poderosos
(6) ricas-hembras: damas de la nobleza, con dominio sobre grandes territorios y bienes
(7) mesnaderos: los que servían como gente de armas en una mesnada al servicio de su señor
(8) pecheros: plebeyos, que pagaban tributos
(9) almogávares: tropas especializadas del reino de Aragón
(10) bruñidas: pulimentadas
(11) brocados: tela de seda con dibujos, que pueden ir entretejidos con hilos de oro o plata
(12) alfolí: granero