DESCUBRE LEYENDAS

Legendario Literario Hispánico del siglo XIX

Proyecto I+D Ministerio de Economía y Competitividad FFI 2013-43241R

Publicación

FACI, Roque Alberto (1739 y 1750), Aragón, Reyno de Chisto y dote de María Santíssima.

Acontecimientos
De camino al Levante, el Cid y sus soldados son soprendidos por un ejército moro. Pero la ayuda milagrosa de Santiago va a permitirles ganar la batalla.
Personajes
Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, y sus soldados; los soldados moros; el Apóstol Santiago (San Jaime)
Enlaces

LOCALIZACIÓN

LA IGLESUELA DEL CID

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Santiago ayuda al Cid en Torrenublos (siglo XI)

Durante una de las varias expediciones que realizó Rodrigo Díaz de Vivar por las altas y hermosas tierras del Maestrazgo, camino de sus dominios levantinos, intentando debilitar las fuerzas musulmanas de su retaguardia, se vio en la necesidad de entablar batalla con un potente contingente armado musulmán, encuentro que tuvo como escenario concreto la llanada que da entrada a la actual ermita del Cid, donde se dice que había fundado el poblado de Torrenublos, cerca de la Iglesuela del Cid.

Las huestes cristianas de don Rodrigo, habituadas a vencer en mil escaramuzas y batallas, se vieron en esta ocasión acorraladas por un ejército mucho mayor en número y más descansado. La derrota estaba a  punto de consumarse sin remedio, lo cual podía haber tenido consecuencias negativas importantes en las tierras de Levante.

Sin embargo, al grito habitual de guerra de «¡Santiago y España!» de los desesperados soldados del Cid, apareció milagrosa e inmediatamente el Apóstol, cabalgando sobre un hermoso caballo, mostrando la cruz de San Jorge sobre su estandarte blanco. Su silueta se recortó enhiesta en el cielo, sobre la Peña del Morrón. El jinete, espoleando a la bestia, logró de ésta un fantástico salto, de modo que se presentó en la explanada en la que tenía lugar la desigual pelea. Debido al peso del caballo y del jinete, caídos desde tan larga distancia, la pata izquierda del corcel quedó marcada en la roca dura, señal que todavía puede verse hoy, a pesar del tiempo transcurrido.

Ni que decir que esta ayuda inesperada dio bríos nuevos a los guerreros cristianos, a la vez que los combatientes moros quedaron atónitos y asustados, acabando por perder una batalla que sólo unos minutos antes creían tener ganada.

Cuando todo acabó, una vez atendidos los heridos y enterrados los muertos, tras poner a buen recaudo los cautivos moros y habiendo sido repartido el botín, el Cid dio descanso a los suyos. Mientras, junto a la huella que dejara la pata del caballo, se levantó un hermoso peirón[1], a la manera de estas tierras turolenses, dedicado al Apóstol, al que por aquí se le llamaba no Santiago sino san Jaime. Quiso el Cid recordar así la victoria que consiguiera merced a su intervención milagrosa.

Editado por Christelle Schreiber – Di Cesare

 

[1] Peirón: Provincialismo de Aragón (humilladero). Pilar con lápidas a veces o inscripciones conmemorativas, con cruces y pequeñas imágenes, que se hallan a la entrada de los pueblos y a la vera de los caminos.