DESCUBRE LEYENDAS

Legendario Literario Hispánico del siglo XIX

Proyecto I+D Ministerio de Economía y Competitividad FFI 2013-43241R

Publicación

GISBERT, Salvador (1882), «La loca de Montalbán», Revista del Turia, 31, 32, 34 y 35.

Acontecimientos
Dos jóvenes están enamorados pero otro hombre, celoso, inventa una mentira para separarlos. Se reunirán después de la muerte.
Personajes
Berenguer de Azlor, un joven miembro de una de las más linajudas familias de Aragón, Aldonza de Entenza, de estirpo no menos importante; Jaime de Bolea, el traidor mentiroso; el nuevo comendador de Montalbán.
Enlaces

UBIETO ARTETA Agustín, Leyendas para una historia paralela del Aragón medieval. Institución Fernando el Católico (CSIC), Excma. Diputación de Zaragoza Zaragoza, 1998.

LOCALIZACIÓN

MONTALBÁN

Valoración Media: / 5

Los amores de Berenguer de Azlor y Aldonza de Entenza

(siglo XIV. Montalbán)

Berenguer de Azlor, un joven miembro de una de las más linajudas familias de Aragón, estaba enamorado de Aldonza de Entenza, de estirpo no menos importante que la suya. Todo parecía caminar hacia un feliz y esperado desenlace, pues Aldonza le correspondía, cuando Jaime de Bolea, mostrando a Berenguer una falsa escritura, le convenció con vil engaño de que la joven Aldonza era, en realidad, su hermana.

Berenguer de Azlor, descorazonado por el revés sufrido, se hizo religioso, tomó los hábitos e ingresó en la Orden de Santiago, siendo nombrado muy pronto, dada su alcurnia y condiciones, comendador en la villa de Montalbán, importante sede santiaguesa en tierras turolenses y centro rector de una importante encomienda.

Cuando doña Aldonza descubrió la infame trama urdida por Jaime de Bolea y comprendió la reacción del hombre al que amaba, se desplazó a Montalbán, viviendo durante varios meses en la cercana Peña del Cid con la pretensión de ver a Berenguer y disuadirle de su decisión, empeño que no consiguió pues era hombre de palabra. La joven llevaba una vida de anacoreta, comiendo raíces y hierbas, hasta caer enferma.

Algunos meses después, un día que se había adentrado por las serpenteantes calles de la villa santiaguesa, se enteró del fallecimiento de Berenguer de Azlor, que fue enterrado en la cripta de la iglesia, como correspondía a un comendador de la Orden. Noches después, Aldonza, enloquecida por el dolor, fue a Montalbán y, forzando con sigilo la puerta de la iglesia, descendió a la cripta mortuoria, muriendo al poco rato de amor y de pena sobre el sepulcro del hombre al que había amado.

Cuando al día siguiente se descubrió el cadáver de Aldonza, fuertemente abrazado a la efigie pétrea de don Berenguer de Azlor, el nuevo comendador, enterado de las tribulaciones vividas y padecidas por los amantes, dispuso comprensivo que ambos ocuparan el mismo sepulcro, en cuyo frontal ordenó que se inscribiera esta frase: «Justo es que reposen juntos en la muerte quienes tanto se amaron en vida».

Editado por Christelle Schreiber – Di Cesare