DESCUBRE LEYENDAS

Legendario Literario Hispánico del siglo XIX

Proyecto I+D Ministerio de Economía y Competitividad FFI 2013-43241R

Publicación
El Romancero de Jaén, Sociedad de Amigos del País de Jaén, Jaén, Imp. de Francisco López Vizcaíno, 1962, Romance VIII, pp. 68-75.Ed. Facsímil editada por la Diputación de Jaén, con prólogo de Manuel Caballero Venzalá.
Acontecimientos
Personajes
Rey Don Pedro I y Pedro Gil
Enlaces
- Revista Don Lope de Sosa (1913), págs. 105-107 [reproducción del romance]
- Valladares Reguero, Aurelio (1986), “La leyenda de Pero Gil y su tratamiento literario (y II)”, Ibiut, VI-27, págs. 12-13 http://www.vbeda.com/articulos/indexoa.php?num=141&titulo=La_leyenda_de_Pero_Gil_y_su_tratamiento_literario_(y_II)____
- El País. Andalucía, 7 de noviembre de 2001 “Las crónicas de los tiempos antiguos”, https://elpais.com/diario/2001/11/07/andalucia/1005088962_850215.html

LOCALIZACIÓN

JAÉN

Valoración Media: / 5

ROMANCE VIII.
 
Esa es voz del vulgo ciego
que con lo cruel confunde
el nombre de justiciero
porque él solo poner supo
a la justicia respeto.
Moreto.
Dime tú, la negra casa
do la pompa y la opulencia
del orgulloso magnate
en otro tiempo se dieran;
dime tú la de los muros
derruidos; la de almenas
que á las gentes pregonaban
de tus dueños la nobleza;
la de artesones labrados,
y alcatifas arabescas:
¿qué se hizo de tus señores,
de tus señores que eran,
en la corte los primeros,
los primeros en la guerra?
Hoy abandonada y triste,
miras caer tus almenas
al impulso de los aires
y de la ruda tormenta.
Y ves que tus negros muros
sostenerse en vano intentan;
que ya la mano del tiempo
con la destrucción te sella
y se cava lentamente
tu cimiento, a la par mesma
que en el olvido enterradas
tus tradiciones se quedan.
Tal vez, si intentara alguno
el velo en que estás envuelta
penetrar, nada sus ojos
descubriesen en tus piedras
para trazar una historia
o misteriosa conseja
que en las veladas de invierno
cave el hogar se refiera.
Harto poco, noble casa,
de tu pasado te queda;
de aquellos tiempos que huyeron
de aquellas lejanas épocas
quede en sus sueños el alma
en gloria y misterio envuelta.
II.
Callada estaba la noche,
y más que callada, negra,
ni un bulto alcanzan los ojos;
ni un rumor al oído llega:
solo el aire silva a veces
en son de lejana queja
que se dilata y se extingue
y se pierde allá en la vega.
En el gran Zoco arabesco
de Jaén, junto á la puerta
que de Martos lleva el nombre,
un hombre embozado espera
no muy lejos de la fuente
que llaman «La Magdalenas
Noble es su porte. Intranquilo
por la ancha plaza pasea
con tal premura, que a veces
la corona de su espuela
rozando va las del Zoco
duras, desiguales piedras. —
Parase un punto, escuchando;
y es que a lo lejos resuena
el crujir de una tizona
que contra la cota pega.
—Pero Gil! —Señor! —Ya mucho
ha sufrido mi impaciencia
creyéndote descubierto.
—Si tal sucedido hubiera,
por Dios que mi pobre vida
harto cara les vendiera.
—Y lo averiguaste? —Todo;
cuando la aurora aparezca,
también alzará este pueblo
por Don Enrique bandera.
Baldon, señor, por Castilla
que consiente con tal mengua
que un bastardo la avasalle
y que á su Rey no defienda.
—Basta, Pero Gil, de Enrique
no es la culpa; el labio sella
porque en tierra de traidores
no hay que fiar ni en las piedras.
Vamos de aquí! —Deteneos;
ved que el huracán arrecia,
y procurarnos albergue
donde descansar, es fuerza.
Acaso entre esta villana
gente, de mala ralea,
algún pecho noble quede
en quien la traición no quepa.
Dijo, y con el duro pomo
de su daga, en la primera
ventana que a mano hallóse,
llamó con la mano diestra.
—Quién va! responde una voz.
á tiempo que de la puerta
V
 
los férreos goznes rechinan,
quedando á poco entreabierta.
—Hidalgos son, que a tu casa
á pedir albergue llegan,
porque la noche es oscura
y la tempestad no cesa.
—Adelante los hidalgos!
entren y no se detengan
que para hidalgos y pobres,
siempre mi casa está abierta.
Así contestara el huésped,
esto oyeron los de afuera,
y cuando el umbral pasaron
tras ellos cerró la puerta.
En silencio a quedar vuelve
aquella plaza arabesca
que tiene al pie una fuente
y frente tiene una Iglesia;
fuentecica de aguas puras;
templo de la Magdalena.
III.
Sonriendo viene el alba,
sonriendo el alba llega,
por su rosada ventana,
ventana de oro y perlas.
Ya la tempestad pasó,
y en mil colores se ostentan
las flotantes nubéculas
que por el éter revuelan.
El sol comienza a dorar
la cruz de la aguda flecha
que se alza sobre la torre,
sobre la torre arabesca.
Y ya del mullido lecho
á levantarse comienzan
los que a pedir hospedaje
y durante la tormenta,
la noche anterior llegaron
de Martos junto a la puerta.
Pero Gil es el primero
que abre y al umbral se acerca,
pero al ver un bulto armado
retrocede con sorpresa.
—Señor! Señor! nos vendieron!...
la mano en su daga puesta
exclama el noble hijodalgo.
—Villanos! nunca tal mengua
en los que su hogar me dieron
á suponer me atreviera!...
—No son traidores, señor,
los que con leal reserva
a su Rey le dieron guarda.
pasando la noche en vela:
exclama el buen Salazar;
y con la rodilla en tierra
al Rey presenta por armas
solo una tizona vieja
que por lo grande y mohosa
la de Rodrigo recuerda.
Tranquilo el Rey dijo entonces:
—Sal del rincón y a mi llega,
tú que cien veces más noble
que los nobles de esta tierra
hospedaje al Rey Don Pedro
y guarda le das: nobleza
a ti y a tus descendientes
forzoso es que yo os conceda.
Por ende, merced te otorgo
de lo que pedirme quieras,
que así el Rey Don Pedro paga,
la lealtad donde la encuentra.
—Señor, yo solo deseo
serviros en paz y en guerra
y para mi casa os pido
por merced, aguas y almenas.
—Todo el Rey, te lo concede,
todo concedido queda,
Don Pedro de Salazar
y del Rincón, porque es fuerza
que tal nombre y apellido
ilustren tu descendencia.
Ahora Pero Gil, al campo
que otras justicias nos restan
para que todos mis reinos
asosegados se vean
y en vano me los desmembren
los que en llamarme se empeñan,
el Rey Don Pedro el Cruel
que non fizo cosa buena.
Y dime, la noble casa,
la de las blancas almenas
¿qué se hicieron tus señores,
que se hizo de tu opulencia?